Todavía me sigo preguntado cómo sería todo si no se hubiera nublado
nuestro caminar ante la inesperada mirada de lo allí presente. Recuerdo cada mirada, cada caricia, cada susurro que tú me regalabas;
aferrándose en lo más profundo de mí con la solidez de un “te quiero”. No te culpo de nada, lo sabes. Llegaste como una lluviosa tarde de inverno a mi vida inundando aquella
habitación de tu fingida inocencia; nos buscábamos, no mirábamos,
sonreíamos hasta tal punto de crear nuestro mundo paralelo sin importar realmente lo que nos concernía. Fugaste a lo más recóndito de mi mera racionalidad para permanecer latente en mi propia conciencia. Con la rapidez de una reacción química pasamos del nada al todo en un
abrir y cerrar de ojos. Igual que con la rapidez que se pasó del nada al todo se pasó del todo
al nada. Días largos y la mayoría inexplicables; pues aquí
estoy todavía intentando descifrar los errores que cometimos para poder
saber realmente que pudo suceder.

No hay comentarios:
Publicar un comentario